La dependencia de América Latina con China está generando riesgos estructurales importantes. Un informe de Moody’s Ratings destaca cómo esta relación asimétrica afecta a las economías de la región. La creciente demanda china de materias primas y la competencia manufacturera son factores claves en este escenario.

La relación comercial entre América Latina y China ha evolucionado significativamente en las últimas décadas. Por lo tanto, es crucial comprender cómo esta dependencia puede impactar en las economías locales. El informe de Moody’s subraya que esta dependencia va más allá de un simple ciclo económico. Se trata de un desafío estructural que podría tener efectos a largo plazo en la región. La dependencia de las exportaciones de materias primas hacia China y la presión sobre las industrias locales son ejemplos de estos riesgos.
América Latina enfrenta un doble desafío. Por un lado, la región depende en gran medida de la demanda china para sus exportaciones de materias primas. Por otro lado, las manufacturas provenientes de China aumentan la competencia para las industrias locales. Esta situación limita la capacidad de la región para agregar valor a sus productos. Además, la competencia china está desplazando parte de la producción local, lo que aumenta la dependencia de bienes importados.
El comercio bilateral entre América Latina y China alcanzó un récord en 2025, superando los US$500,000 millones. Sin embargo, esta cifra esconde una dependencia creciente de los "commodities". Cerca del 80% de las exportaciones latinoamericanas hacia China corresponden a materias primas. Esto incluye productos como soja, cobre, mineral de hierro, petróleo y plata. Esta dependencia limita la diversificación económica y aumenta la vulnerabilidad a las fluctuaciones del mercado internacional.
Moody’s destaca que la región está perdiendo participación en las etapas de mayor valor agregado de las cadenas productivas. Por ejemplo, las exportaciones de cobre chileno a China cada vez más incluyen minerales y concentrados sin procesar. Esto significa que América Latina está vendiendo productos menos refinados, reduciendo así su potencial de ingresos. La tendencia podría llevar a una desindustrialización a largo plazo si no se toman medidas.
La producción manufacturera china continúa ampliando su presencia en América Latina. Las exportaciones del gigante asiático hacia Estados Unidos disminuyeron, pero aumentaron hacia América Latina. Esto demuestra un cambio en el mercado que favorece a China en detrimento de las economías locales. Sectores como vehículos, maquinaria, equipos electrónicos y productos químicos son los más afectados. Esta tendencia podría profundizar la dependencia de la región de bienes manufacturados importados.
La influencia económica china también se extiende a través de inversiones directas en la región. Entre 2015 y 2025, la inversión china alcanzó US$116,000 millones en América Latina. Estas inversiones se concentran en sectores como energía, minería y transporte. Aunque estas inversiones impulsan el crecimiento, también aumentan la dependencia de la región de las decisiones de política industrial de China. Esto podría limitar la capacidad de la región para desarrollar sus propias industrias.
Existen diferencias significativas entre los países de América Latina en cuanto a su exposición a los riesgos manufactureros. Brasil y Argentina son las economías más expuestas, con entre 50% y 60% de sus sectores en alta vulnerabilidad. México, por el contrario, presenta un perfil menos riesgoso debido a su integración con Norteamérica y el T-MEC. Sin embargo, sectores como el automotriz y la electrónica aún enfrentan desafíos debido a la penetración de insumos chinos.
La dependencia de América Latina con China plantea un dilema para las economías de la región. Si bien el comercio y la inversión chinos impulsan el crecimiento económico, también aumentan la vulnerabilidad a cambios en la demanda china y a la volatilidad de los precios internacionales. Es crucial que los países de América Latina diversifiquen sus socios comerciales y reduzcan su dependencia de China para asegurar un crecimiento sostenido y equilibrado.
La creciente dependencia de América Latina con China representa tanto oportunidades como riesgos. Para asegurar un futuro sostenible, los países deben diversificar sus economías y fortalecer la capacidad local para competir en el mercado internacional. Solo así podrán mitigar los riesgos estructurales y aprovechar las oportunidades que ofrece el comercio global.
Preguntas Frecuentes
La dependencia limita la diversificación económica y aumenta la vulnerabilidad a cambios en la demanda y precios internacionales.
China es un gran comprador de materias primas, lo que impulsa el crecimiento económico en América Latina a corto plazo.
Sectores como automotriz, electrónica y maquinaria enfrentan desafíos por la competencia de manufacturas chinas.
Fuente original: eldinero.com.do
